Las características, únicas del ciberbullying, implican que el acoso en la red se lleve a cabo
de forma más sistemática y estable, provocando un mayor impacto sobre la víctima, que ve
acentuado su sufrimiento al no poder defenderse ante la situación. Por estos motivos, el
ciberacoso escolar puede tener consecuencias imprevisibles, escapando incluso al control
de quienes acosan.
Ocultar lo ocurrido por parte del menor dificulta el diagnóstico y el tratamiento precoz; cuando el menor cuenta lo que sucede es porque no encuentra otra alternativa y, en determinadas ocasiones, conduce al suicidio.
Todo ello conlleva que los menores que lo sufren presenten mayor confusión y grado de sufrimiento, provocando que el grado de ansiedad y angustia sea mucho mayor y, por tanto, que
la sintomatología psicosomática y psiquiátrica sea mucho más intensa y precoz.
Aunque existen diferencias significativas entre el acoso escolar cara a cara y el ciberbullying,
también parece haber una clara conexión entre ambos. Esto no resulta extraño si se tiene en cuenta el solapamiento entre los mundos
offline y online de los menores. Por ello, resulta frecuente el contacto previo entre agresor y
víctima en los espacios físicos donde se da inicio a comportamientos de exclusión y aislamiento que rápidamente tienen su continuidad en los entornos en línea. Sin embargo, dado
el nuevo paradigma de conectividad permanente en el que se ven inmersos los jóvenes, cada
vez se perciben más conductas claramente aisladas en los entornos digitales sin conexión
alguna con el entorno físico.
Consulta: https://www.adolescenciasema.org/usuario/documentos/Guia_Ciberacoso_Profesionales_Salud_FBlanco.pdf
Consulta: https://www.adolescenciasema.org/usuario/documentos/Guia_Ciberacoso_Profesionales_Salud_FBlanco.pdf

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